domingo, 26 de agosto de 2012
Mal de muchos, consuelo de tontos.
Bueno, hoy es tarde de escribir algo. Ya toca ¿No? Hace ya dos meses y aún no hemos escrito nada, ya veis que tenemos una vida un poco movidita…O que somos demasiado vagas y no siempre terminamos lo que empezamos. Somos una enamorada y una despechada. ¿Alguna vez os habéis tragado el orgullo para nada? Porque yo si. Ya os digo que os lo penséis muy bien antes de tragaros nada, si, os permito que penséis mal. Habríais pensado mal aunque no hubiese dicho que lo hagáis, así que qué más da.
Últimamente hemos hablado mucho sobre poder dar marcha atrás en el tiempo, enmendar algún error, y volver al presente. Os gustaría ehhhh. ¿No habéis pensado lo que deberíais de haber dicho después de una situación que no ha terminado como vosotros queríais? ¿Le hablo? ¿No le hablo? Tendría que haber dicho bla bla bla porque así esa persona habría pensado tal y no tendría que haber llegado a X situación o a X pensamiento. Si, si, a todos nos ha pasado alguna vez, por no decir que casi todos los días. A no ser que seas una persona que siempre elige las palabras exactas en el momento exacto. De esos que se lo piensan dos veces antes de hablar. Nada de impulsos, nada de locura. Pero hay poca gente así, y no sabría si clasificar esa forma de ser como aburrida o como inteligente. En realidad, tiene que haber de todo. Solo que yo, por lo menos, tengo el problema de que no sé cuando tengo que callar, y cuando tengo que hablar. Si se me pasa por la cabeza, la mayoría de las veces, lo digo y ya está. Aunque luego recapacite y me de cuenta de que eso no era lo que yo quería decir, al menos de esa forma.
Por ejemplo, ahora estoy escribiendo todo lo que pasa por mi cabeza, sin pensar antes lo que debería de escribir y sin un plan previo. ¿Debería de plantearme lo que quiero expresar antes de decir o escribir nada? Bueno, no lo se, pero también hay que pensar que si se planea no es tan espontáneo, tan real. O a lo mejor por no pensar antes y estar seguro de lo que quieres decir, al no tener las cosas claras, la realidad se difumina, se mezcla con otros pensamientos y el resultado es una serie de palabras, sentimientos y pensamientos que se han mezclado entre ellos y han dado resultado a un monologo interior, o a una idea expresada, que originalmente no existía. No era eso lo que tu querías decir, pero al tener tanto que expresar se ha juntado todo y esa es la conclusión, verídica o errónea. De eso te sueles dar cuenta después de haber hablado, de haber gritado, susurrado, o como quiera que lo hayas dicho. No era eso lo que tú querías transmitir. Pero ya está dicho. ¿Retractarse? Ahí es donde tienes que pensar si merece la pena o no. ¿Te tragas el orgullo y pides perdón? ¿Dejas las cosas como están? Ahí es donde surgen las dudas, y donde surgen las equivocaciones. Quizá elijas retractarte y luego te arrepientes de haberlo hecho. O no pides perdón y luego te arrepientes de no haberlo hecho. También existe la posibilidad de que te disculpes y eso haya sido la opción acertada, o de que no lo hagas y eso también haya sido un acierto. ¿Quién sabe? Aunque hay que tener en cuenta que si no lo haces nunca sabrás lo que podría haber pasado si hubieses pedido perdón por algo que has hecho, aunque no sea nada malo y por lo único que te disculpas es por haber molestado, defraudado, enfadado, decepcionado o lo que sea que hayas hecho, a esa persona. Una persona que quizá se merezca tus disculpas, o quizá no. Pero ¿Por qué no arriesgarse? Ya has dicho una de tus locuras, tu y tus cosas, por qué no pedir perdón si piensas que así puedes arreglar algo. También es cierto que si no tienes interés en arreglarlo es mejor guardar tu orgullo bajo llave para no comértelo, por mucho hambre que tengas.
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